“Therians”: La identidad adolescente y el riesgo de convertir la diferencia en burla
En los últimos meses, la palabra therian ha saltado desde nuestras redes sociales hasta acaparar titulares, tertulias y vídeos virales en los medios de comunicación. Las imágenes que hemos visto estas semanas suelen ser similares: adolescentes con máscaras de animales, a veces con cola o guantes, realizando movimientos inspirados en la fauna a la que imitan.

Para muchos adultos, estas escenas resultan desconcertantes y para algunos, la reacción inmediata ha sido de alarma o incluso de burla.
Sin embargo, antes de opinar, conviene detenerse a comprender qué está ocurriendo realmente y qué nos está diciendo este fenómeno sobre la adolescencia y sobre nuestra forma de mirarla.
¿Qué son los therians?
El término therian se utiliza para describir a personas que experimentan una identificación interna con un animal no humano. Esta identificación puede vivirse como algo simbólico, espiritual o psicológico.

En la mayoría de los casos no se trata de una creencia literal de haberse transformado en un animal, sino de una forma de narrar la propia experiencia: “me siento más yo cuando me reconozco en esta imagen”, “este animal representa algo profundo de mí”. Adoptar estas etiquetas permite a algunas personas organizar emociones, rasgos de personalidad y experiencias de diferencia que quizá antes no sabían cómo explicar.
Entonces, ¿por qué este tipo de identificaciones aparecen con tanta fuerza durante la adolescencia?

Proceso adolescente, construcción de la identidad
Esta etapa de la vida se caracteriza precisamente por una intensa exploración identitaria. El cuerpo cambia, la mirada social se vuelve más exigente y la necesidad de pertenecer debe convivir con el deseo de diferenciarse y ser reconocido. En ese proceso, los símbolos ayudan. A lo largo del tiempo han sido estilos musicales, tribus urbanas o estéticas concretas. Hoy, además, las comunidades digitales amplifican y aceleran aún más estos procesos de identificación.
Para algunos adolescentes, identificarse como therian puede ofrecer una narrativa que da sentido a sentimientos de rareza, a una sensibilidad intensa o a cierta desconexión con normas sociales que perciben como rígidas. En otros casos puede ser simplemente una forma creativa y lúdica de explorar el cuerpo, el movimiento o la expresión personal.

De la expresión a ser objeto de polémica
Sin embargo, lo que en muchos casos comienza como exploración o expresión ha sido rápidamente convertido en objeto de polémica pública:
- Diversos medios han recogido el fenómeno a menudo con un tono entre lo curioso y lo alarmista.
- En paralelo, las redes sociales potencian su exposición, simplificación y humillación. Un vídeo grabado en un parque o en un centro comercial puede circular fuera de contexto, acumular millones de visualizaciones y generar oleadas de comentarios que reducen a la persona a una caricatura.

La dimensión psicológica del fenómeno
Aquí emerge una dimensión psicológica importante: la identidad. Especialmente durante la adolescencia, donde se construye en diálogo constante con el entorno:
- Cuando una forma de autoexpresión es recibida con curiosidad o respeto, puede integrarse de manera flexible en el desarrollo personal.
- Cuando es recibida con ridiculización o violencia simbólica, el efecto puede ser el contrario: reforzar el aislamiento, intensificar la identificación defensiva o generar vergüenza y retraimiento.

En lugar de acompañar el proceso evolutivo, la sociedad puede estar empujando a algunos jóvenes hacia posiciones más rígidas o más solitarias. Cuando convertimos a menores en objeto de mofa pública olvidamos que se encuentran en una etapa de especial vulnerabilidad. La crítica social legítima no debería confundirse con la deshumanización. Discrepar o no comprender una tendencia no justifica el acoso ni la humillación.
El foco en el bienestar no en la etiqueta
Desde una perspectiva de salud mental, el foco debería situarse en el bienestar, no en la etiqueta.

Lo relevante es observar si el adolescente mantiene relaciones significativas, si su funcionamiento cotidiano y su rendimiento académico se mantienen, o si por el contrario aparece un sufrimiento intenso, aislamiento marcado u otras dificultades importantes. En ausencia de un deterioro significativo, la identificación therian puede entenderse como parte de una exploración identitaria.
Cuando sí aparecen señales de alarma —depresión, ansiedad severa, aislamiento extremo o conductas de riesgo—, la intervención debería centrarse en esos aspectos, no en demonizar la forma simbólica que adopta la identidad.
¿Qué nos ocurre como sociedad?
Quizá el desafío más grande que tenemos como sociedad sea aprender a sostener la incomodidad sin reaccionar con pánico moral.
La identidad humana es compleja, dinámica y, en la adolescencia, especialmente versátil. Lo que hoy se vive como central puede mañana diluirse o transformarse. Muchos jóvenes que atraviesan etapas intensas de identificación con subculturas o etiquetas específicas terminan integrando esas experiencias en su historia personal sin que definan necesariamente toda su vida adulta.

El fenómeno therian, más allá de su estética llamativa, nos ofrece una oportunidad: revisar cómo miramos a la adolescencia y cómo gestionamos colectivamente la diversidad identitaria en la era digital.
Tal vez, en lugar de preguntarnos “¿qué les pasa a estos jóvenes?”, también podríamos preguntarnos “¿qué nos pasa a nosotros cuando vemos algo que no entendemos?”.
Fdo. Xabier Molina, psicólogo

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