Una etapa de cambios, despedidas y nuevos comienzos
Cuando pensamos en la menopausia, es habitual que nos vengan a la cabeza palabras como cambio, frustración, envejecimiento, liberación, duelo, insomnio, sequedad, niebla mental, falta de concentración o colesterol. Son términos que reflejan una realidad compleja y diversa, que cada mujer vive de una manera diferente.

Con frecuencia llega un momento en el que empezamos a hablar con otras mujeres de nuestra edad y descubrimos que muchas de las experiencias que estamos viviendo son compartidas. Los sofocos, los cambios en la menstruación, las dificultades para dormir o el aumento de peso dejan de ser algo exclusivamente personal para convertirse en una vivencia común.
Sin embargo, reducir la menopausia únicamente a sus síntomas físicos sería simplificar demasiado una etapa vital que implica profundas transformaciones también en el plano emocional y psicológico.
Mucho más que cambios físicos
La menopausia suele venir acompañada de una serie de cambios físicos conocidos: alteraciones en el ciclo menstrual, sofocos, sudoración, trastornos del sueño, fatiga, dolores musculares y articulares, retención de líquidos o un aumento de peso, especialmente en la zona abdominal.

Pero junto a ellos aparecen otros cambios menos visibles que también pueden afectar significativamente al bienestar de la mujer: cambios de humor, mayor sensibilidad emocional, dificultades para concentrarse, olvidos o la conocida «niebla mental».
No obstante, conviene recordar que cada mujer es única. No todas experimentan los mismos síntomas ni los viven con la misma intensidad. Cada proceso es diferente y merece ser comprendido desde esa singularidad.
La menopausia: una segunda pubertad
Una forma útil de comprender esta etapa es compararla con la pubertad, aunque en sentido inverso.

Durante la adolescencia dejamos atrás la infancia. Nuestro cuerpo cambia, aparecen las hormonas, llega la menstruación y comienza una nueva etapa llena de transformaciones físicas, emocionales y psicológicas. También surge la capacidad de dar vida, lo que supone un importante cambio en la identidad femenina.
La menopausia representa, de algún modo, el proceso contrario. Volvemos a atravesar una revolución hormonal y corporal, pero esta vez marcada por la despedida de una etapa de la vida.
Aprender a despedirse
La caída de los estrógenos supone la pérdida de la capacidad reproductiva. Aunque cada mujer haya vivido la maternidad —o la decisión de no ser madre— de forma distinta, este cambio implica despedirse de una parte importante de la propia biografía y de la identidad construida alrededor de ella.

Cada historia personal condiciona la forma de vivir este duelo. Algunas mujeres ya habrán elaborado previamente esa despedida; para otras será un proceso que comienza precisamente en esta etapa.
Pero no solo nos despedimos de la fertilidad.
En estos años también pueden aparecer enfermedades o cambios físicos relacionados con el envejecimiento, como el colesterol elevado, la artrosis u otras limitaciones corporales. Poco a poco es necesario aceptar que el cuerpo ya no responde exactamente igual que antes y aprender a convivir con una nueva realidad física.
Cuando coinciden varios cambios vitales
La menopausia suele coincidir con otros acontecimientos importantes del ciclo vital.

Muchas mujeres viven cómo sus hijos e hijas comienzan a independizarse, dejando un espacio que, aunque esperado, puede generar sensación de vacío. Al mismo tiempo, con frecuencia aparece una nueva responsabilidad: el cuidado de los padres y madres mayores.
De esta forma, una etapa en la que sería especialmente importante cuidar de una misma acaba ocupándose de nuevas responsabilidades hacia los demás.
Por eso resulta necesario preguntarnos cómo estamos construyendo nuestra identidad. Tradicionalmente, el rol femenino ha estado muy ligado al cuidado de otras personas y, en ocasiones, eso puede hacer que olvidemos dedicar tiempo y atención a nuestro propio bienestar.
La presión social de la eterna juventud
A todos estos cambios se suma la influencia del contexto social.
Vivimos en una cultura que parece rechazar el envejecimiento y que transmite constantemente el mensaje de que debemos mantenernos jóvenes el mayor tiempo posible. Cremas, suplementos, tratamientos estéticos o productos antiedad aparecen continuamente como soluciones casi imprescindibles.

Muchas de estas opciones pueden resultar útiles para algunas mujeres y formar parte de su autocuidado. Sin embargo, conviene desarrollar una mirada crítica para diferenciar aquello que realmente responde a nuestras necesidades de aquello que nace de una presión externa o de intereses comerciales.
Aceptar el paso del tiempo no significa renunciar a cuidarse, sino hacerlo desde la libertad y no desde la obligación.
Cuidarse sin convertirlo en una exigencia
Existen muchas maneras de favorecer el bienestar durante la menopausia: realizar ejercicio físico, caminar, fortalecer la musculatura, cuidar la alimentación o recurrir, cuando sea necesario, a determinados suplementos o tratamientos indicados por profesionales.
Lo importante no es seguir todas las recomendaciones posibles ni responder a las modas del momento.

La verdadera pregunta es si aquello que estamos haciendo nace del deseo de cuidarnos o de la sensación de que «deberíamos hacerlo».
El autocuidado pierde sentido cuando se convierte en una fuente más de presión o de exigencia. Cada mujer necesita encontrar su propio ritmo y descubrir qué le ayuda realmente a sentirse mejor.
Hablar de la menopausia para comprenderla
Durante mucho tiempo, la menopausia fue una etapa poco comprendida. En ocasiones se trivializaba y, en otras, se medicalizaba en exceso. Hoy sabemos que ninguna de estas dos miradas hace justicia a la realidad.
La menopausia no es una enfermedad, pero tampoco es un proceso en el que «no pasa nada». Es una etapa de importantes cambios físicos, emocionales y sociales que merece ser escuchada, comprendida y acompañada.

Crear espacios donde las mujeres puedan compartir sus experiencias ayuda a normalizar lo que están viviendo, a sentirse comprendidas y a afrontar este momento de manera más saludable.
Al fin y al cabo, la menopausia forma parte del ciclo natural de la vida. Comprender los cambios que trae consigo, aceptar las despedidas que implica y conectar con las propias necesidades permite integrar esta etapa con mayor bienestar y seguir construyendo una vida plena desde una nueva perspectiva.
Fdo. Arantza Gómez, psicóloga, psicoterapeuta.
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