La maternidad, una forma de dar amor y cariño; de estar, acompañar, comprender, enseñar y a su vez consolar y sostener. Todo ello sin tratar de ser perfecta, sino de cubrir unas necesidades básicas que favorecerán el buen crecimiento emocional de nuestros hijos e hijas; según el pediatra y psiquiatra D. Winnicott, ser una madre “suficientemente buena” para ayudar en la adecuada estructuración psíquica de nuestros hijos e hijas y, de este modo, reforzar un futuro de bienestar.

Bienestar de la madre, necesario para criar
Aun así, todo ello dependerá de cómo se encuentre esa madre como persona. Podría añadir que una madre es suficientemente buena madre en la medida en que su bienestar permita cuidar y criar a sus hijos e hijas y, a su vez, ayudarles a crecer. Esto no quiere decir que las madres no podamos caernos o mostrar lo duro de la maternidad con enfado o incluso tristeza. La maternidad es ambivalente de por sí; ya que al mismo tiempo que se llega a disfrutar y puede ser divertida, también se sufre, incluso habiendo elegido ser madre en el mejor de los casos.

Conciliar vida familiar y laboral
Pero ahora, nosotras que creíamos que era posible conciliar la vida familiar y la laboral en nuestra sociedad, nos encontramos en la contradicción de no tener tiempo para cuidarnos. Esto puede llevarnos a padecer problemas de salud mental tal y como se recogen en los siguientes datos.
Según el informe realizado por Make Mothers Matter, [ONG internacional, establecida en 1947, que aboga por el reconocimiento de las madres como agentes de cambio y contribuyentes vitales a la sociedad], “El estado de la maternidad en Europa 2024”, presentado el 22 de septiembre del 2025 en el Parlamento Europeo:
- El 78% de las madres españolas admiten estar sobrecargadas superando a la media europea del 67%.
- Además, el 42% de las madres españolas sufren mayores niveles de ansiedad en comparación a las madres europeas (32%).
- Y el 21% de las madres españolas manifiestan agotamiento mental frente a las madres europeas (18%).

Pocas medidas de conciliación
A pesar de los avances en conciliación, cuidados y corresponsabilidad, una de las razones principales de dicho malestar puede ser debido a la escasez de medidas que faciliten la conciliación familiar y laboral.
Como bien afirma Ibone Olza, psiquiatra y directora del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal, los datos descritos “reflejan que las madres están al límite”.
Según la psiquiatra, “muchas madres, además, no llegan a pedir ayuda profesional por vergüenza o falta de recursos”. Por lo tanto, cabe el riesgo de normalizar esa manera de sobrevivir que puede, en consecuencia, ampliar el malestar de las madres.

Factura emocional
De acuerdo a lo mencionado, en Ediren también presenciamos actualmente el malestar de una generación de madres agotadas, muchas incluso a punto de explotar por querer llegar a todo y no poder. La sobreexigencia de querer llegar a todo, cuando la factura emocional ya se está cobrando.
Y es que las madres de hoy en día pivotan entre dos ámbitos:
- Por un lado el doméstico, ya que de una manera u otra todavía están soportando el modelo anterior de la mujer que prioriza el cuidado de la familia por encima de todo.
- Pero, a su vez, muchas madres presentan la necesidad de sentirse realizadas profesionalmente y continúan desarrollando su carrera profesional, sin hablar de la necesidad económica que ya se da por hecho.

Aparece la culpa
En consecuencia, dicha situación de sobrecarga puede llevar a que aparezca la dichosa culpa que parece perseguirnos de una manera u otra a muchas madres, por no decir a todas:
- Por un lado, las madres llegan a sentirse culpables por no estar lo suficientemente bien con sus hijos e hijas; es decir, “estar”, tener tiempo de calidad y tranquilidad.
- Por otro lado, hay madres que incluso sienten dicha culpa por expresar la necesidad de un espacio de autocuidado donde no tienen cabida los hijos e hijas.

Espacios de autocuidado
Y qué decir de las madres que necesitan expresar la ambivalencia de la maternidad y no tienen espacio para ello. En este sentido, a veces, no es cuestión de falta de recursos, que en muchos casos también, sino de la ausencia de espacios de expresión y desahogo en el día a día, en torno a la compleja tarea de ser madre.
Esto puede ser debido a la frenética rutina que podemos llegar a tener, que complica el sentarse con un familiar, un amigo o una amiga. Incluso, a veces, puede que no nos permitamos verbalizar por miedo a sentirnos juzgadas; otro sentimiento que parece que nos persigue a las madres… Con todo ello, puede llegar a ser complicado hablar de las luces de la maternidad sin reforzar el ideal de ser madres (siendo conscientes de que no existe).

En conclusión, la maternidad no es fácil; es un proceso complejo con sus luces y sus sombras; pero busquemos espacios de autocuidado para intentar salvaguardar nuestro bienestar emocional.
Fdo. Alaia Ozerinjauregi, psicóloga
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