Cuidados a personas dependientes
Se considera dependientes a todas a aquellas personas que necesitan ayuda para llevar a cabo las actividades de la vida diaria debido a sus limitaciones físicas, cognitivas y/o sensoriales. Con esta definición, enseguida se nos viene a la cabeza el deterioro cognitivo y físico que puede llegar a darse durante la vejez.

No obstante, existen casos de personas que requieren atención continua ya desde la infancia o que, de un día a otro, pasan de ser autónomas a dependientes debido a algún accidente, entre otras causas.
En este ámbito de la vida, el de los cuidados, la cuestión del género también es protagonista. A pesar de que en los últimos años se ha visto un reparto más equitativo en las tareas de cuidado entre hombres y mujeres, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las mujeres son quienes siguen asumiendo la mayor parte de estos cuidados. Aunque algunas de las razones para hacerse cargo del cuidado del familiar dependiente tienen que ver con las dificultades económicas o la falta de recursos adaptados a las necesidades de esa persona en concreto, la razón principal continúa siendo querer cuidar personalmente del familiar, desde ese rol asignado socialmente de «persona cuidadora».

Estrés de la persona cuidadora
El cuidado de una persona dependiente de requiere una atención constante y, en ocasiones, un esfuerzo físico continuado. Debido a estas exigencias, las actividades sociales y de ocio pueden verse cada vez más limitadas. Puede aparecer también enfado y frustración hacia el familiar que recibe los cuidados e irritabilidad hacia el resto del mundo.
Las dudas acerca del progreso del deterioro y las dificultades que surgirán en el día a día pueden estar presentes continuamente. Es en estos momentos cuando puede plantearse la necesidad de contar con otro tipo de recurso o ayuda externa.
Autocuidado para cuidar
Llegado el momento en el que los cuidados que necesita el familiar superan el tiempo o capacidades de la persona cuidadora, pueden aparecer ideas relacionadas con no estar haciendo lo suficiente y tener una sensación interna de conflicto, entre priorizar el propio descanso o mantener todo como está para no arriesgarse a generar malestar a la persona dependiente. En cualquier caso, pensar en pedir ayuda para el cuidado puede venir acompañado de una sensación desagradable: la culpa.

Esta culpa puede tener diferentes orígenes:
- Sentirse egoísta por ponerse en primer lugar.
- Sentir impotencia por no poder enfrentar la situación, etc.
- La reacción del entorno también puede agravar o disminuir este sentimiento, ya que pueden recibirse mensajes que animen a contar con la ayuda de personal experto u otros que digan que el mejor cuidado lo dará siempre la familia.
Debemos tener presente en todo momento que, para poder estar disponible para el ser querido, es necesario encontrarse con energía y capaz, algo que solo se conseguirá con el autocuidado.

Cómo desmontar la culpa
Cuando se plantea la necesidad de una residencia, centro de día o similar para el cuidado del familiar, es porque las circunstancias son complejas y las habilidades de la persona cuidadora no son suficientes. Es totalmente normal sentirse sobrepasada cuando no se cuenta con los conocimientos ni la experiencia para enfrentar una situación tan complicada como es la dependencia de una persona.

Aquí van unos consejos para evitar que la culpa nos impida tomar decisiones:
- Tomar la decisión de llevar al familiar a un recurso específico es una forma de seguir cuidando, pero adaptada a las circunstancias actuales, con la ventaja de que podrás descansar mejor y dedicar tiempo a alguna actividad que te resulte gratificante. De esta forma, podrás disfrutar más de la compañía de tu familiar cuando volváis a veros.
- Anímate a bucear en ese sentimiento y saber qué es lo que realmente te está generando dudas. ¿Necesitas saber cómo trabajan los profesionales del dispositivo? ¿Te gustaría poder visitar a tu familiar en cualquier momento? Recopila todas estas preguntas y busca información para resolverlas. Posiblemente verás cómo la culpa va dando paso a la satisfacción de saber que estás haciendo todo lo posible por garantizar el bienestar de la persona a la que quieres.
- Habla con otras personas cuidadoras y compartid vuestra vivencias. Comprobarás que no eres la única que tiene este tipo de dudas y sentimientos ambivalentes. Compartirlos y poderlos explicitar te permitirá sentirte más aliviada y con menos culpa.
Fdo. Leire Meabe, psicóloga
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