Una sociedad hiperconectada
Tras una enorme revolución tecnológica, hemos creado una sociedad hiperconectada; el móvil se ha convertido en una extensión más de nuestro cuerpo. Según datos de UNICEF, el 41% de los niños y niñas de 10 años ya tiene móvil, y el 92% del alumnado de ESO posee uno y participa en redes sociales.
El uso del móvil en los más pequeños es algo de lo que se habla mucho; pero es cierto que hablar del uso del móvil, «per se», realmente no nos da demasiada información. Realizamos muchas tareas a través de este dispositivo, tiene múltiples usos; los padres lo utilizan para ponerles dibujos animados a los más pequeños o para que jueguen a algún videojuego. Algo más mayores verán series, utilizarán las distintas redes sociales, sacarán fotos… Lo utilizamos también para ir a sitios, realizar trámites. Hay quien, incluso, lo utiliza para llamar y recibir llamadas…

Últimamente, en los patios de la ikastola, está muy presente el tema:
- ¿Cuándo es la edad correcta para entregar el móvil a los menores?
- ¿Es un artilugio adecuado para los más pequeños o simplemente es necesario para la tranquilidad de padres y madres?
¿Un uso responsable del móvil?
Todos conocemos ya los peligros que acarrea el tener acceso ilimitado a internet: violencia, pornografía, acceso a desconocidos, discursos de odio…, aunque exista control parental para poder limitar todo esto…
El uso responsable de la tecnología es muy importante, pero puede ocurrir que las capacidades y los recursos internos vayan mermando poco a poco sin que seamos demasiado conscientes de ello. Una cuestión que puede ser perjudicial para el crecimiento de pequeños, jóvenes y mayores.

Es momento de parar y tomar conciencia
En este contexto parece que ha llegado el momento de parar, tomar conciencia, reflexionar y pensar cuánto de bueno o no tan bueno puede ser su uso.
- Una primera reflexión de la que hacernos cargo podría ser si usamos el móvil de forma consciente o como extensión del brazo. ¿Tenemos un tiempo en el que paramos y decimos conscientemente ahora voy a sacar un rato para dedicarle al móvil?
- Otra pregunta importante sería si utilizamos el móvil para relacionarnos y vincularnos con personas cercanas y conocidas (amistades, familiares…), o más bien para desvincularnos (aislamiento, influencers, videos, redes sociales…).
Vamos a intentar hacer un recorrido del uso del móvil a lo largo de la vida, comenzando por los más pequeños. El entretenimiento, la diversión y la geolocalización son los motivos principales para el uso del móvil en nuestras menores. ¿Por qué pensamos los mayores que los más pequeños necesitan el móvil para divertirse?

El juego les ayuda a crecer
En los menores, el juego es la actividad que les ayuda a crecer, a relacionarse, a experimentar situaciones cotidianas… El juego es estructurante en el desarrollo de los niños y las niñas. No es algo que hagan únicamente para divertirse, sino que ayuda a explorar el mundo que les rodea, a conocerse a sí mismos y a relacionarse con los demás. Mediante el juego aprenden y crecen. Si coartamos todo esto mediante pantallas y móviles:
- estamos perjudicando su capacidad de explorar
- se verá perjudicada su capacidad motora
- se verá mermada su capacidad de atención
- se verá afectada su creatividad
- también se verá afectada su capacidad de relacionarse…
No les estamos haciendo ningún favor… Las criaturas necesitan más patio y menos pantallas. Ahora bien, no nos vayamos al otro extremo tampoco… ¿Quién no les ha puesto la televisión o le ha entregado el móvil al chiquillo para tener un momento de tranquilidad en casa o hacer un artículo sobre el uso del móvil, sin ir más lejos? Simplemente saber que esa necesidad es nuestra, no suya.

Con los móviles, localizados
La geolocalización suele ser una de las razones por las que las familias entregamos el móvil a nuestros hijos/as, púberes y adolescentes. Trabajamos y pasamos muchas horas fuera de casa, pasan mucho tiempo solos y necesitamos saber que, si están solos, van a poder contactar con nosotros si nos necesitan. Suena inofensivo y hasta positivo, ¿no es cierto? Vamos a pensar sobre ello.
Por un lado, si hablamos de periodos cortos de tiempo, solemos pensar: ¿qué puede necesitar?, ¿quizá no encuentra algo?, ¿nos va a llamar para saber dónde están sus zapatillas?, ¿no sabe qué ponerse?, ¿no sabe qué prepararse para su almuerzo?, ¿le llamamos para que no llegue tarde a clase?
El “cómo vaya yo y lo encuentre” puede ser ahora a través de un wasap o una llamada. No vamos a estar presentes, pero sí siempre localizados. ¿Qué repercusión tiene esto?
- La responsabilidad y autonomía de nuestros menores se dificulta y se diluye.
- El móvil va a ser la vía rápida e inmediata para resolver sus dudas.
- Se va a ver mermada su capacidad de frustración y espera.
- También se va a ver perjudicado el desarrollo de nuevas destrezas y la búsqueda de alternativas.

La capacidad de pensar, secuestrada
Por otro lado, si hablamos de jornadas largas fuera de casa, también habrá que plantearse hasta qué punto puede ser bueno que un adolescente pase tanto tiempo solo. Aunque sea un momento en el que parece que los chavales no nos demanden tanto y que solo quieran estar solos o con sus amigos, lo cierto es que nos necesitan disponibles, presentes en carne y hueso.
Como dijo hace unos días la directora de «Pubertat», Leticia Dolera, «vivimos una crisis de atención donde las grandes tecnológicas han secuestrado nuestra capacidad de reflexión y pensamiento”. Poniendo el foco en la adolescencia, hablaba de “la pérdida de generar una narrativa interior que conecte con ellos mismos, con quienes son, con qué sienten, con lo que les pasa, con lo que les angustia y con lo que les hace felices”.

La importancia de los límites
Los adultos nos quejamos de la dependencia que tienen los menores con el móvil: no saben estar sin el móvil, no saben relacionare de otra forma, pasan horas delante de cualquier pantalla… Por no hablar de las pantallas dentro de la habitación; además de la exposición ilimitada a contenido peligroso, además de generar un aislamiento importante y desconectarnos del contacto humano, empeora la capacidad de concentración y la calidad del sueño. Por lo tanto, las pantallas, mejor en los espacios comunes. Las de todos, menores y mayores.
Si sabemos que todo esto es perjudicial para ellos, ¿por qué se lo permitimos? No somos capaces de ponerles límites claros e intentamos que dejen las pantallas por sí solos o mostrándoles todos los peligros de internet. Les asustamos hablando y alarmando sobre los peligros: ciberacoso, abusos, violencia, pornografía, perfiles falsos… y ¡ojo! que también habrá que alertarles de todo ello, pero solo eso se quedará cojo. Restringir desde el miedo no les hará más libres, les hará más miedosos.
Crecer es complicado, enseñar a crecer y acompañarles también. Estamos pretendiendo que se autorregulen solos, que se eduquen solos y que crezcan solos. Y esto no es posible ni saludable.

Desentrenando capacidades para la vida
Siguiendo con las funciones que vamos desentrenando con el uso del móvil, en la vida adulta vamos perdiendo las funciones ejecutivas como planificar, organizar y tomar decisiones. Muchos jóvenes y adultos refieren en sesión preguntarle a la IA sobre decisiones vitales que deben tomar o no saber llegar a un sitio sin utilizar Google Maps o no poder esperar a que llegue su amiga al café sin sacar el móvil del bolso.
Son comportamientos que hemos naturalizado, pero que merman la percepción de nuestras capacidades y muchas veces, generan inseguridad y crisis vitales. No somos conscientes de lo que estamos dejando de lado, y lo importante que es el equivocarse a la hora de tomar decisiones, frustrarnos y aprender de ello; perdernos por la ciudad y descubrir nuevos lugares o la capacidad de esperar y estar solos. Todo esto nos ayuda a crecer emocionalmente, descubrimos que somos capaces de muchas más cosas de las que pensábamos.

Con el móvil perdemos la noción del tiempo
Algo que también genera el uso del móvil en las persona adultas es la percepción de «falta de tiempo». Por ejemplo, quién no ha utilizado los desplazamientos en coche o andando para hacer trámites bancarios, solucionar algún problema laboral, ¿hacer el pedido en la pescadería o responder al wasap? Todo esto mientras entramos en las redes sociales para ver algún video divertido, estar actualizados o mejorar la ultima receta de crepes. Todo esto, quizá algo caricaturizado, genera mucha ansiedad y una sobre exigencia abrumadora.
Parece que el hacer una sola cosa y dedicarle el tiempo que merece nos genera malestar y es perder un tiempo que no tenemos. Sin embargo, perdemos la noción del tiempo ante los dispositivos móviles, pequeños y no tan pequeños.

Apagar móviles, encender capacidades
Sea ésta una invitación para reflexionar, no tanto sobre lo que tenemos que medir y prohibir a nuestros jóvenes, sino sobre qué cambios podemos generar los adultos para volver al contacto humano, a los encuentros pausados sin interferencias del móvil. En definitiva, apagar el móvil para encender nuevas capacidades.
Esto nos hará mejorar nuestra calidad de vida y a su vez, seremos ejemplo de los más pequeños y jóvenes, para que tengan la oportunidad de crecer y experimentar que el móvil no es una extensión del cuerpo.
Fdo. Haizea Marijuan, psicóloga
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